In Cuentos con agujeros

8 de Junio 2006.
Blog Panfleto Negro.
Jesús Nieves Montero.

Lo primero que se puede decir sobre el libro de Krina Ber es que llama a las comparaciones, a los símiles y las metáforas. Pensemos en el título, sobre todo en los agujeros. Sobre ellos, Krina dice lo siguiente:

 “Término multiuso que abarca toda clase de grietas y huecos en la superficie de la realidad, madrigueras virtuales, guaridas para esconderse y perderse; incluye también algunas rendijas de bordes inciertos, donde se cuelan a veces fugaces atisbos de otras realidades.”

 Entonces comprendemos algo: un agujero, un hueco, que instintivamente nos evoca algo en falta, un déficit o carencia, se nos presenta en este conjunto de relatos como un territorio de posibilidades, como un área no de ausencia sino de incertidumbre, y bien escribió Tabucchi que es en la incertidumbre y no en la certeza donde se encuentra el espacio propicio de la escritura de ficción.

Ahora bien, los agujeros son el espacio donde se filtran las historias y aunque a veces llegan a ser tema de los relatos, existen fuerzas mucho más presentes que se van manifestando, independientemente de las anécdotas que son muy variadas e incluyen amores y pasiones vía internet, búsquedas de amores pasados (eróticos o filiales) y, especialmente, viajes: desplazamientos físicos y emocionales. Pero el libro, ya lo dijimos, no se limita a estas anécdotas.

Un tema es la memoria. Krina dice en su primer relato: “hay una enorme diferencia entre olvidar y no recordar”. Y la diferencia es tal, que en la mayor parte de los cuentos, olvidar, en especial si se hace intencionalmente, es un pecado que las narradoras no pueden permitirse porque es sepultar amores, emociones, imágenes, experiencia que son la materia de la cual están formadas estas mujeres en su presente.

“Los milagros no ocurren en la cola”, sexto relato del libro, introduce otro de los grandes temas, lo que podríamos denominar el proceso de trasplantación. Los personajes, en su mayoría mujeres, presentan una situación  muy particular: no están en su lugar de origen, el cual es ya apenas recuerdo encarnado en hábitos y familiares de otros tiempos, pero la etapa del desarraigo ya ha pasado; parece hablarse con lejanía de aquellos personajes a los cuales se caracteriza como aquellos para quienes “la inmovilidad no tiene perdón, la vida hay que vivirla a la carrera…” Ahora hay una aceptación del nuevo lugar, el cual no se asume como propio (ya que sería impostura) sino que concientemente se comprende la circunstancia que se vive. Por eso, estas mujeres son árboles trasplantados buscando consolidación.

Otro tema, casi obsesivo en el panorama de la ficción de estos tiempos, es la profesión de un gusto particular por contar. Recordar es tarea realizable para cualquier persona prácticamente, pero se requiere tener el impulso que lleva a escribir esos recuerdos, porque no se trata de un mero acto de trascripción de imágenes mentales, a medida que se escribe se va en realidad componiendo, completando los restos de vitral roto que son la materia recordada. “Sé que no debo saber ni recordar, y sin embargo lo registro todo con una espeluznante nitidez”, se nos dice en uno de los cuentos, pero es que eso es lo terrible, es un don y una condena el acto de contar para el narrador, como para el profeta mostrar a la Humanidad los tiempos por venir. “No importa cuánto corra y corra, no hay dónde esconderse cuando la venganza se gesta en el misterio más oscuro de las propias células”.

Dije en el principio que el libro de Krina Ber me llama a las metáforas, me hace pensar en carencias que luego descubro espacios de potencial creativo, en mujeres/árboles trasplantados(as), en profetas. Pero la imagen más cercana cuando cerré el libro fue la de las grandes colchas que las mujeres de familias norteamericanas van haciendo por generaciones, con cada una de ellas agregando un trozo para aumentarla y dejarla como herencia para quienes le sobrevivan y así hasta el infinito. “Vivo rodeada de fantasmas, como ves, pasados y presentes” nos dice una de las narradoras. Nunca se nos dice si estas historias son continuación de relatos de generaciones anteriores, si éste es el comienzo de una colcha o un trozo que a Krina le ha tocado tejer en palabras. De cualquier manera, se trata de un trozo llamativo y difícilmente olvidable.

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