Taller Crítico: por Roberto Lovera de Sola

 In Nube de polvo

TALLER CRITICO

NUBE DE POLVO, PRIMERA NOVELA DE KRINA BER[1].

POR: ROBERTO LOVERA DE-SOLA.

 

“como cada ser humano escribe/la novela de su vida/letra a letra/y hay gozo en ello”.

Yolanda Pantin: La épica del padre. Caracas: La Nave Va,2002,p.96.

 

EL ESCRIBIR

Hace mucho que los lectores de Krina Ber (1948), que no somos pocos, celebramos su escritura, la que hasta ahora nos había dado los modélicos cuentos que están en sus Cuentos con agujeros y Para no perder el hilo, en donde están los memorables “Amor”, “El quiosco de Nilda” o “Los dibujos de Lisboa”, en el que hemos hallado el desarrollo de toda una teoría sobre la literatura. Con “Amor”, que nosotros casi nos sabemos de memoria, obtuvo el premio del Concurso de Cuentos de El Nacional (2007), galardón que es consagratorio en nuestra literatura[3]. Ahora, nos ha llegado su primera novela, Nube de polvo (Caracas: Equinoccio, 2015.430 p.), de la que nos ocuparemos esta mañana. De la segunda novela, se titula La Visita, ya existe una primera versión sobre la cual trabaja su autora febrilmente, como lo hace todo trabajador literario constante.

DENTRO DE NUBE DE POLVO

Creemos, como viejo lector de literatura, que el toparse con Nube de polvo será inolvidable para sus lectores. Ello, por las razones que pasamos a apuntar: por la frescura en el narrar que tiene su autora, creemos que eso por encima de todo, aquel modo nos mantiene pegados al libro cada vez que lo abrimos. Las otras razones, fuera de sus entrañables personajes de los que hablaremos, por su inmersión en nuestra realidad de hoy, por la presencia del mar, por la sensualidad que se saca de estar cerca del piélago y del sol, porque es una historia de amor con sus dos caras: el amor al padre y el descubrimiento del otro, a través del novio de su adolescencia —hablamos, desde luego de Vilma, la protagonista—, por acercarnos otra vez, repetimos, al tema de la figura del padre, aquel ser que es quien nos siembra en la entrañas de la madre, no hay que otro que lo pueda hacer, y es ella, la madre, la única que nos puede parir. Además, el tema del padre, como también veremos, es importante en las letras venezolanas.

TITULO

Desde que comenzamos nuestra lectura de la novela nos preguntamos por qué “nube de polvo”, sabíamos que dentro del libro encontraríamos la respuesta. El título de la novela está inspirado en un pasaje del Quijote, a lo cual se alude varias veces en su texto. Para hallar el pasaje fue mucho lo que me ayudó la propia Krina y al repasar aquel libro siempre amado, Don Quijote, nos damos con el exacto lugar en que sus protagonistas se encontraron con la polvareda[4]. El pasaje del libro de don Miguel a que se alude está en la Primera Parte, Capítulo XVIII, del “condenado por Dios a ser novelista”, como dijo  nuestro Felipe Massiani (1906-1995)[5].

Los pasajes son los que siguen. Recuérdese siempre que Cervantes escribía en el castellano del siglo XVI, por lo que hay en las referencias que vienen palabras que no se usan así hoy  En el primero se lee:

“En estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vio don Quijote que por el camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; y, en viéndola, se volvió a Sancho y dijo: Este es el día, ¡Oh Sancho!, en el cual se ha de ver el bien que me tiene guardado mi suerte; éste es el día, en que se ha de mostrar tanto como en otro alguno, el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras que queden escritas en el libro de la Fama por todos los venideros siglos. ¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de un copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí sigue marchando… A esa cuenta, dos deben ser, dijo Sancho, porque de esta parte contraria se levanta asimesmo otra semejante polvareda”(p.233)

Y el segundo trozo es:

“Hiciéronlo ansi y pusiéronse sobre una loma, desde la cual se vieran bien las dos manadas que a don Quijote se le hicieron ejército, si las nubes del polvo que levantaban no les turbaran y cegaran la vista; pero, con todo esto, viendo en su imaginación lo que no veía ni había, con voz levantada comenzó a decir…”(p.235)

Y entonces deja volar su fantasía imaginando personas, que siempre pegado a tierra Sancho no ve, por lo que dice:

“…quizá todo debe ser encantamiento, como los fantasmas de anoche. ¿Cómo dices eso?, respondió don Quijote, ¿no oyes el relinchar de los caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atanbores? No oigo otra cosa, respondió Sancho, sino muchos balidos de ovejas y carneros”(p.238).

De aquí, en lo que podríamos detenernos largamente, como siempre sucede cuando abrimos el Quijote, podemos ver a la “nube de polvo” cervantina dentro de la novela que glosamos. Tal cuando leemos:

“…recordándole al padre esos caminos terrosos del país de su infancia  donde el Caballero de la Triste Figura y su fiel escudero vieron una vez cómo como toda la llanura manchega se le venía encima en una espesa polvareda. Y qué materia más blanda que una polvareda, más cercana al sueño, más apta para dar espacio a las realidades ficticias…” (p.78):

“De pronto fue como si la lluvia hubiera lavado el aire disipando los últimos rastros de polvo” (p.126-127),

“Y Vilma le dijo que fue por la nube de polvo. Porque todo era una nube de polvo” (p.150).

Esto en cuanto a lo más imaginativo, que tiene que ver con los personajes con los que nos encontramos en la novela. Al final veremos que la “nube de polvo” tiene unas connotaciones políticas relacionadas con estos días trágicos que vivimos.

Tal la idea de la “nube de polvo”(p.307), venida de la polvareda que ven don Quijote y Sancho Panza.

PERSONAJES

Debemos decir que los personajes principales lograron quitarnos el sueño, tanto por lo bien trazados que están, como en su suceder dentro del laberinto que es toda ficción.  Estos son especialmente Vilma, la protagonista; Antonio Sandoval, el padre; Yurama, la entonces pareja de Antonio, ya embarazada; Jorge, el novio de Vilma, y la desconcertante Margó.

VILMA

La primera de todo, y que desde luego domina la narración, es Vilma (llamada también Chinita por su papá). Ella es una adolescente que se va acercando a los grandes misterios del vivir: descubre la sexualidad, hace el amor por vez primera, se enamora. De allí que dijera: ”porque yo tenía catorce años y no estaba hecha para soportar una tan despiadada apertura a la desnudez del mundo”(p.224), ”por más descabellada que fuera, prefería la esperanza”(p.88), ”entre las cercas de alambre de púas que me erizaban por dentro”(p.181).

Vilma era esencialmente una hija, un oficio, más que biológico, existencial para ella. De allí que dijera: “Yo amaba a mi padre. Lo amaba con locura, lo amaba más que a mí misma, lo amaba como quisiera ser capaz de amar a alguien más en lo que me resta de vida”(p.107). Pero ello, aunque deseado era imposible, la vida se le impondría.

Y es allí que se topa con la iniciación sexual, tema, como es lógico, siempre presente en nuestra literatura escrita por mujeres[6]

Vilma lo hizo, y dentro de un bello sortilegio, trazado por la autora.

Pero Vilma debe también enfrentarse al caos (p.98) que la va a rondar desde el momento en que le matan a su perro, Hudini. Y, deberá luchar contra el miedo: “Y todo habría estado casi perfecto, si no fuese por el miedo que estaba incrustado en los días, el miedo soterrado y negado como si no existiera. El miedo que entraba en todos los resquicios de la vida peor que la arena y el polvo” (p.99).

Fundamental en el relato sobre Vilma es su crecimiento y, desde luego, la crisis con el padre, necesaria para crecer. Sin parricidio, en su sentido simbólico, no hay madurez posible. Eso hecho, sabiendo el infinito amor que los unía, que nadie, tras superar  la crisis, podría derrotarlo, asunto muy bien enhebrado por la autora.

Ligados con Vilma vamos a encontrar a Yuruma (p.154 y 157) la segunda esposa de su papá; a Jorge, su novio y, hacia el final, desde la p.224, al enigmático personaje que es Margó.

LA FIGURA DEL PADRE

Hay tres cosas centrales en la historia que encontramos en Nube de polvo: la historia del papá, Antonio Sandoval, la Casa como centro de la narración y la relación de Vilma con su enamorado.

No creemos que exageremos al decir que con Nube de polvo en las manos estamos con la novela del padre, la del progenitor.

Esto que anotamos nos lo explicamos a medida que leemos la novela: “sería pura pérdida tratar siquiera de explicarle el nexo entre el padre y la hija, el universo de felicidad […] en el cual ella pensaba  con tanta ingenuidad que podría inmiscuirse solo porque lo tenía amarrado a él por ese algo oscuro e incontrolable que embrutecía, Vilma ya lo sabía, a todos los hombres, incluso a los superiores, como lo era Antonio Sandoval” (p.50).

Y ello, porque desde muy niña, muerta la mamá, escapada primero con un amante y drogada hasta los tequeteques. Pero se salvó porque su papá la amaba hondamente. Vivieron siempre juntos y entrelazados, este nunca le confesó la verdad sobre la mamá, y se ocupó de ella como padre y madre a la vez. Por ello leemos: “Vilma se quedaba, pues jamás dejaban la casa sola. Se sorprendía hurgando en sus papeles, hojeando sus libros, revisando sus notas y ensayos, intrusa furtiva e impotente en la intimidad que ya no era de él sino de ellos dos; se metía un momento en su cama antes de tenderla, se envolvía en las sábanas que conservaban aun, mezclado con olores de humo y del sudor conocido de su padre, el tenue rastro del champú de hierbas de Yurama.” (p.73). Aquel maravilloso papá fue siempre su espejo. Ella, Chinita, tal el sobrenombre que él le había puesto, “la niña de sus ojos, pequeña y grande, sola o con su adorado papá, [se cercioraba] que el rostro dulce y misteriosamente oriental de su madre seguía siempre allí, en el cajón, le placiera o no a su sucesora”(p.73). Tal relación solo la molesta, En el caso de Vilma, la presencia de Yurama la molesta especialmente en aquella casa de la playa a donde pasan los veranos; incluso ella, la hija, los escuchaba de noche jadeando en la cama mientras hacían el amor. “La presencia de Yurama le pesaba mucho más aquí, en la casa de la bahía que siempre había sido su espacio privilegiado, solo de papá y de ella” (p.50-51). No debía tenerle tantos celos a Yurama, quien siempre miró a Vilma con buenos ojos, como parte de su relación con quien ahora era su pareja. Había que esperar que se hiciera mujer. Yurama esperó, sin preocuparle los señales enviados: acuérdate que mi papá es solo mío. Yuruma sabía, que, cuando Vilma se enamorara e hiciera el amor comprendería aquello que le ataba a su papá, a Antonio.

UNA DISGRESION NECESARIA

Una digresión sobre este asunto: El tema del padre es digno de examinarse. Es tema muy antiguo en las letras universales: a tratar sobre la figura del padre que está tan presente en la vida de todo ser humano porque todos podemos carecer de muchas cosas pero nunca de un padre, todos venimos de uno, toda la humanidad, desde Adán. Y el asunto está en la literatura universal desde las páginas de la Iliada, cuando Priamo pide que Aquiles le entregue el cadáver de Héctor, su hijo, para darle sepultura, momento sublime en cualquier padre; sabe que lo que hace lo contrario de lo que se debe hacer: los hijos deben ser los que entierran a los padres[7]. Igual relación aparece en La Odisea, el segundo poema del Poeta Ciego. Y en la lengua castellana desde los metros que todo el mundo conoce de las Coplas de Jorge Manrique (1440-1479) en el siglo XIV, ”Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es morir”, de su lamentación por la muerte de su padre, don Rodrígo (1406-1476).

En la literatura latinoamericana se encuentra más de una vez, destacamos, por su honda entonación, Los ríos profundos (1958) de peruano José María Arguedas (1911-1969), libro entrañable sobre este tema.

En la literatura venezolana está muy presente el tópico. Presente en otros tres creadores venezolanos de estos mismos días, aquí lo veremos a la luz de Nube de polvo; pero tiene antecedentes en nuestras letras, en nuestra ficción y en nuestra poesía. Tal en Puntos de sutura, de Oscar Marcano (1958); es el asunto crucial del vivir que ha interesado mucho en estos últimos tiempos en nuestra literatura; asimismo a Alberto Barrera Tyszka (1960) en La enfermedad,  a Héctor Bujanda (1968) en La última vez y ahora a la autora de Nube de polvo[8].

Había sido tratado poéticamente  en los más bellos y altos tonos de su voz, por Yolanda Pantín(1954) en La épica del padre.

Claro está, que el padre es un ser siempre presente en nuestras letras, especialmente en nuestro decir poético desde hace mucho tiempo, incluso antes de que que Pedro Francisco Lizardo(1920) en La viva elegía y Vicente Gerbasi (1913-1992), en Mi padre, el inmigrante publicaran sus soberbios poemas al progenitor, en 1944 Lizardo, en 1945, Gerbasi, a quienes siguieron después  Caupolican Ovalles(1935-2001) con su Elegía en rojo a la muerte de Guatimocin, mi padre, alias el globo (1967); o que Enrique Hernández de D’Jesús (1947) haya evocado al otro padre, al segundo, en Mi abuelo primaveral y sudoroso (1974), los tres poemas se cuentan entre las grandes elegías de nuestra letras. El asunto ha estado tan presente que el poeta José Barroeta (1942-2006), a quien el tema tanto lo tentó a lo largo de su propia creación, escribió su sugerente estudio El padre, imagen y retorno (1992)[9]. En su página inicial el inolvidable Pepe, que se nos fue demasiado temprano, dice algo que ahora podemos aplicar también a las novelas que hemos citado sobre esta temática:

”Mi afecto a aquellos que han contribuido de manera solidaria a la realización de este trabajo en el que mi padre revela y sostiene enigmas, sombra y fábula de un origen que protege y se perpetua” (p.7. Subrayado nuestro). Así es. Según Barroeta el asunto aparece en nuestra literatura contemporánea por vez primera en el “Canto a rebeldía” de Antonio Arraiz (1903-1962), que está en su libro Parsimonia (1932), doce años antes que La viva elegía (1944) de Pedro Francisco Lizardo(1920-2001), siempre subrayable por su emotiva belleza y trece antes de Mi padre, el inmigrante de Gerbasi.

Nos hemos referido tanto a este tema en la poesía porque en el fondo ella es la raíz, el fundamento, la esencia, el cimiento de la literatura, no hay palabra escrita cabal sin la poesía. Ella es, como dijo Susan Sontag (1933-2004), en uno de los ensayos del fin de su vida, siempre llenos, como todos los suyos, de genialidad: ”la poesía es una forma del lenguaje y del ser: un ideal de intensidad, de candor absoluto, de nobleza, de heroísmo”[10].

Pero, claro está, hoy también la poesía aparece en la prosa, la hallamos en la novela y nos vamos a topar con ella ahora en varios momentos de la novela que vamos a escrutar,  Nube de polvo.

LA CASA

La casa, aquella casa en la bahía, que unos constructores desean arrebatarles para construir un club de playa, es el gran tema de la novela, tanto que los personajes que habitan en ella, nos recuerdan las reflexiones de Gastón Bachelard (1884-1962) sobre aquel lugar en La poética del espacio: “Para un estudio fenomenológico de los valores del espacio interior, la casa es, sin duda alguna, un ser privilegiado, siempre y cuando se considere la casa a la vez su unidad y su complejidad, tratando de integrar todos sus valores particulares en un valor fundamental…la casa alberga el ensueño, la casa protege al soñador, la casa nos permite soñar en paz””[11]. A esto, Krina Ber, arquitecta ella también, lo comprende y lo debe haber visto cuando ha construido lugares para que los seres humanos los habiten.

Y si miramos aquella casa amada de Antonio y Vilma veremos como ”su casa, la de Antonio y Chinita, se alzaría en toda su hermosura hasta la primera embestida de las máquinas y se iría intacta al recuerdo en una nube de polvo…”(p.127), es decir, donde no queda nada.

La casa es el lugar para el amor íntimo, tanto que Manuel Caballero (1931-2010) el agudo ensayista llegó a pensar que el erotismo había nacido en la primera casa que se construyó en el mundo, porque “solo con la aparición de la casa se pudo comenzar a tener  la experiencia de que el amor no era solo una cosa de química, de jugos seminales, de instinto bruto, sino que la participación del cerebro era fundamental, no sólo para comandar reacciones primarias, sino para la elaboración de toda poética vital del acto amoroso. Es en la casa donde nace entonces la poesía amatoria; es en la casa donde nace el erotismo. Visto todo lo cual, acaso no sea muy exagerado decir que solo con la aparición, con la construcción, de la casa, aparece el amor”[12].

Por ello, en  Nube de polvo leemos:

”El beso de anoche era un regalo de esos que no se podía abrir sin más…Si él no lo veía por sí mismo, cómo explicarle que esta era la casa de la infancia, su única casa, una casa, Jorge, más que un sitio para dormir y guardar cosas, y que no existía ya, ahora todo era desolación y polvo, la casa y ella, la misma materia deshecha. Quiso dominar esas tercas lágrimas que no paraban de brotar entre sus pestañas y deslizarse en silencio mejillas abajo, para ser capaz de hablarle de los veranos que habían pasado aquí, solos en un mundo de belleza, Antonio y su Chinita, que crecía año tras año y la casa crecía con ella. Necesitaba hablar de eso y recordar y llorar y contarle la historia de cada rincón, de cada mata que plantaron juntos, de cada caracol gigante que habían encontrado en las islas e incorporado en el mundo de piedra, necesitaba un ritual de palabras, de muchas palabras, un exorcismo para aliviar la pérdida insoportable” (p.133-134).

Relacionada con la casa está el memorable fragmento sabio que citaremos, en que Antonio se refiere a la mamá de Vilma, cuenta lo que ha escondido de la hija por largos años: “Era el caso de los así llamados boderline people, dijo, gente que vive siempre al filo de su propio vacío, tratando de llenarlo con cosas externas. Un ser trágico. A veces se aferraba a mí llorando, pidiéndome que la salvara, que nunca la dejara ir. El embarazo pareció sosegarla por un tiempo, así como los primeros días del bebe que eras tú. Pero más que eso no pudo soportar. No estaba hecha para la maternidad, ella misma nunca había crecido. Dejó de ocuparse de ti y de la casa. Se encerraba en otro cuarto y te dejaba llorar mientras se metía rayas y hasta se inyectaba…Nunca supe cómo se las arreglaba para conseguir esa porquería. La escondía, y yo revolvía la casa para buscarla. Era un infierno. Volvió a ser insultante, ofensiva, gritaba que la dejase ir. Y la dejé.” (p.334-335).

Entre estos tanto los maladros que matan el perro de Vilma, asaltan la casa, que Antonio se niega a vender y más tarde lo hieren físicamente. Pero también boderline poeple es el urbanizador que todo lo organiza para lograr lo que se propone, al precio que sea, incluso de la vida humana.

EL MOMENTO

La novela trranscurre en estos días. De allí:

“Vilma era yo. Y era el final del último verano que pasaron en la bahía…Lo pasaron atrincherados en su casa como los heroicos sobrevivientes de las ciudades asediadas en esas grandes batallas del pasado que estaban en los libros, y los libros, como todas las cosas, se cubrían de polvo rojizo, pegajoso de arena y sal, que el viento traía sin tregua de las obras cercanas. No obstante, ese trocito de cotidianidad que compartieron en la inminencia del final había sido sorpresivamente bueno, a ratos sublime y en general muy tolerable. Menos el miedo, aunque Antonio Sandoval nunca quiso admitir que existía”. (p.10-11)

VENEZUELA

Imposible hoy, en este país que se está destruyendo, reventándose   a pedazos, no encontrar pasajes que nos lleven a meditar sobre esta tierra, dulce y áspera, cuando leemos: “Ese último verano estábamos más solos que nunca en el trozo de espacio cada vez más aislado, rodado de hostilidades” (p.63); lugar en que habita el miedo(p.99). Asi ya “No había casa, era una ilusión parida de la nube de polvo como esos manantiales y palmeras que tiemblan en el aire de los desiertos, el sueño de su padre al borde del mar y nada más”(p.124: El subrayado es nuestro). O, ni siquiera eso. Ya que lo que se veía y sentía eran “los últimos rastros de polvo”, ¿será lo único que quedara en este país que perdió su rumbo y no ha logrado recuperarlo?, dominado como está por los “boderline people”, término que ahora ha sustituido, en la psiquiatría a quienes antes se llamaban personalidades psicopáticas (p.334), de las cuales tanto habló nuestro epónimo Herrera Luque. Como aquella casa – país “…que no existía ya, ahora todo era desolación y polvo”(p.133), es decir la “nube de polvo” de don Quijote.

[1] Leída en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión de la mañana del sábado 7 de noviembre de 2015, en el cual participaron tambien las escritoras Gisela Cappellin y Sonia Chocrón; y en el Círculo de Lectura de la Asoaciación de Vecinos de La Lagunita, en su sesión de la tarde del miércoles 16 de diciembre de 2015, con la presencia de nuevo de  Gisela Cappellín. Publicado en www.arteenlared.com: Caracas: enero 4,2016.

[2] Simón Bolivar: Cartas del Libertador. 2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Vicente Lecuna/Banco de Venezuela,1964-1870. 8 vols. La cita procede del t.V,p.282.  Los subrayados son del historiador José Luis Salcedo Bastardo en sus Concordancias ideologicas y literarias en Bolívar. Caracas: Comité Ejecutivo del Bicentenario de Simón Bolivar,1981. 58 p.  La referencia está en la p.16.

[3] Krina Ber: Cuentos con agujeros. Caracas: Monte Ávila Editores, 2004. 157 p.; Para no perder el hilo. Caracas: Mondadori, 2009. 169 p.; La hora perdida. Caracas: Editorial Igneo,2015. 222 p. Consultar sobre ella Carlos Pacheco: Persistencia y vigor del cuento venezolano en el nuevo milenio. Caracas: Academia Venezolana de la Lengua, 2009.89 p. Ver: “Krina Ber narra a Venezuela con los ojos del mundo”(p.45-50.)

[4] Miguel de Cervatantes y Saavedra: Don Quijote de La Mancha. Edición critica y notas: Florencio Sevilla Arroyo. Madrid: Castalia,2000. 419 p. En este caso en la Primera Parte, Capítulo XVIII,p.231-243. La cita proceden de las p.233-235. El subrayado es nuestro.

[5]Varios Autores: Cervantes. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1949. 327 p.  Ver: Felipe Massiani: “Miguel de Cervantes: el condenado por Dios a ser novelista”(p.303-327).

[6] Todo indica que la iniciadora del trato del tema fue Irma De-Sola Ricardo(1916-1991) con su cuento “Leticia”(1935), inserto en su libro Síntesis. Caracas: Asociación Cultura Interanericana, 1940. 61 p., resccatado por Luz Marina Rivas en Las mujeres toman la palabra.  Antología de narradoras venezolanas,1915-1995. Caracas: Monte Ávila Editores,2004.221 p. “Leticia” fue escrito, en 1935, su autora tenía diez y nueve años, además fue concebido el mismo año en que el erotismo apareció en nuestra poesía con el libro de Maria Cacaño: Alas fatales. Santiago de Chile: Nacimiento, 1935,146 p., esta obra es la mejor y más representiativa del escribir de la maracucha, quien tenía aquel año viente y nueve años. Silda Cordoliani(1953) se ha inmerso, bellamente, apasionadamente, en el tema de la iniciación sexual femenina, en su cuento “Babilonia”, varias veces impreso, que aquí tomamos de su En lugar del corazón. Prólogo: José Balza. Caracas: Bid and Co., Editor,2008. 153 p. Ver: “Babilonia”(p.140-145).

[7] Homero: Iliada/Odisea. Madrid: Espasa Calpe,1999. LXXXIV,1766 p. La cita procede del Canto XXIV, verso,139-,p.917

[8] Oscar Marcano: Puntos de sutura. Caracas: Seix Barral, 2007. 265 p.; Alberto Barrera Tyszka: La enfermedad. Caracas: Anagrama/Alfa,2006. 168 p.; Héctor Bujanda: La última vez. Caracas: Norma, 2007. 152 p.; Yolanda Pantin: La épica del padre. Caracas: La Nave va, 2002. 151 p.

[9] José Barrroeta: El padre, imagen y retorno. Caracas: Monte Ávila Editores,1992.170 p.

[10] Susan Sontag: Cuestión de énfasis. Madrid: Alfaguara, 2007. p.389 p.Ver:”La prosa de un poeta”(p.15-22). La cita procede de la p.16.

[11] Gaston Bachuelard: La poetica del espacio. México: Fondo de Culura Económica,1983.281 p.La cita procede de la p.33 y 36. En el ejemplar que usamos están también los subrayados que hizo al leerlo nuestra amada arquitecta Eglee Medina.

[12] Manuel Caballero: El desorden de los refugiados. Caracas: Alfadil, 2004. 255 p. Ver: “La casa fue primero que el amor”(p.236-239). La cita procede de las p.238-239.

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